Deja que te cuente: Noche de amor

sábado, 27 de septiembre de 2014

Noche de amor

       

       Los primeros rayos de luz comenzaban a colarse por la ventana entreabierta. Sentí frío y tire del nórdico para abrigarme. A mi lado, aun dormida, estaba ella. No pude evitar dejar escapar una sonrisa al verla. Estaba desnuda, tumbada a mi lado, podía sentir el calor de su piel en la mía. Y sin poder dejar de mirarle, dejé que mi mente volviera a revivir aquella noche…

       Llegué a casa cansada, después de toda una semana de trabajo sin descanso. Me puse el pijama ancho con el que me gusta pasar las noches de frío. Tomé algunas chocolatinas, encendí la tele y me metí en la cama dispuesta a pasar la noche tranquila, cuando comenzó a sonar el móvil. Marta, que me propone una noche loca de fiesta. 

—Hoy paso, estoy muerta y ya me metí en la cama —dije. 
—Venga ya, si son las diez. 
—Hoy no Marta, mañana te llamo para quedar. 

       Y colgué. Mi gato subió en busca del calor de las mantas. Y cuando comenzaba a acurrucarse, una nueva llamada le sobresaltó y le hace caer de un salto al suelo. Me empiezo a mosquear. Esta vez María.

—Oye, ¿cómo que no vienes?. 
—Que no voy ¿dónde?... Ya le dije a Marta que estoy en la cama, mañana quedamos. 
—Mira, te vamos a buscar a las once, espero que estés preparada —insistió y antes de que pudiera contestar, colgó el teléfono. 

       Ni me inmuté, y para evitar que cada una de ellas comenzara a llamarme, para intentar hacerme cambiar de idea, envié un mensaje de grupo, dejando claro que no tenía pensado salir esa noche y que se olvidaran un poquito de mi. Respuesta grupal nula. Y a las once en punto, mis tres ex amigas estaban abajo, sin dejar de llamar al portero. 

—No voy a salir hoy —les digo a través del portero. 
—Nina, tienes cinco minutos para bajar o subimos a por ti —dijo Noe autoritaria. 
—Eso me gustaría verlo. 

       No debí ponerme chula, olvidé que tienen copia de las llaves de mi piso. Por esas cosas que puedan pasar, cada una tenemos una copia del piso de las demás. Menos de Marta, que aún sigue en casa de sus padres porque, como ella dice; "allí no le falta de nada y puede hacer todo". Pero claro, siempre está pendiente de alguna habitación cuando liga algo. Antes de darme cuenta tenia a las tres en casa, buscando algo para ponerme. No sé ni cómo me vistieron y me sacaron a rastras. Tuve que volver. Noté que llevaba las zapatillas puestas cuando pisé un charco. Noe me acompañó, no confiaba en que volviera a bajar. 

       Media hora dando vueltas con el coche para buscar donde aparcar. El sitio estaba lleno y la cola para entrar al local daba la vuelta a la calle. 

—No entiendo el éxito de este sitio —dije aun molesta por tener que salir a la fuerza. 
—El éxito; es que no hay otro igual en toda la provincia, y vienen gente de todas partes. Además es grande y la decoración es chulísima —contestó María, que prefiere locales grandes y llenos porque piensa, que hay más chicas donde elegir.

       Al fin, aparcamos. Y después de un buen rato haciendo cola para entrar, allí estábamos. La decoración si esta muy bien, no lo puedo negar. El local tiene seis salas. Cada sala con su barra, y con camareras que parecían sacadas de la pasarela Cibeles. Fuimos directas a la sala Pop, allí al menos se puede hablar mientras tomamos algo. Nos sentamos en una mesa. María ya había repasado a todas y a cada una de las chicas que teníamos alrededor. Y no contenta con eso, fue a mirar que encontraba por ahí. Marta, como siempre, solo pisar el local la invitaron a tomar algo a la sala Country. Noe, no dejaba de criticar a las camareras, que según le parecía, las tenían toda la semana en una vitrina para que no cojan polvo y solo las sacaban los fines de semana y festivos para exponerlas. Llegaron dos chicas a nuestra mesa, y tras las presentaciones, aprovecho para escabullirme al servicio. Por supuesto, cola para entrar y mientras espero pienso en mi cama, mis chocolates y mi gato. Entonces una voz a mi espalda me pregunta si soy la última.

—Si… —dije mientras me volvía y descubría a la chica más bonita que jamás había visto. 

       No me salieron más palabras y debí quedarme con cara de idiota porque ella no dejaba de mirarme divertida. 

—¿Estás bien? —preguntó. 
—¿Quién no lo está después de haber visto un ángel? —dije. 

“Si, claro que estoy bien” pensé. Cara de asombro. Empiezo a sentir como un color rojo intenso, me colorea las mejillas. Entonces, comprendo que lo que debí decir en alto, lo pensé. Y lo que debí pensar, lo dije en voz alta. Para mi suerte, el baño se abre y me deslizo dentro antes de conseguir parecer una sirena. Me miro al espejo y veo un tomate tan maduro, que se caería de la mata. Pensé en no volver a salir hasta que el local se hubiese quedado vacío. Pero enseguida pensé, que sería mejor disimular y salir, como si nada hubiese pasado. Y eso hice. Pasé por su lado y le dije un sonoro “todo tuyo” que consiguió que fueran más evidentes mis nervios. Y volví corriendo donde Noe, que aún seguía en la misma mesa. Hablaba animada de cómo habían cambiado las cosas. Ella, siempre habla como si tuviese sesenta años y hubiese vivido la época de represión y esa noche había encontrado a alguien con sus mismas ideas. Primera vez que deja de criticar a todas, para centrarse en la conversación que aún mantenía con las dos chicas, a las que dejé con la palabra en la boca cuando corrí al baño.

—¿Qué has estado haciendo? ¿De dónde vienes?. 
—Del paraíso…de hacer el mayor ridículo. 
—A ver, cuéntame. 

       No iba a contarle nada estando allí esas dos que no conocía. Le hice una señal de que luego lo haría y me fui a buscar algo para beber. Mala idea. El ángel estaba allí, junto a otra chica que supongo era su amiga, porque no había indicios de que fuese su pareja. Las evito y me dirijo a la barra de la sala Rock. Con mi copa en la mano me dirijo a un rincón, cuando alguien me agarra de la cintura por la espalda. Me asusto y media bebida va a parar al suelo.

—¡Coño María que susto!
—¿Qué haces tú por aquí?
—Me apetecía ruido para no oírme pensar
—¿Y Noe? 
—Comiéndole la cabeza a dos
—Mira, he ligado —me dijo señalando a la pista como una niña que acaba de comprar una gran piruleta. 
—Y tú cuando no —le respondo. 

       Y corre al encuentro de su nuevo ligue. Me quedo apoyada en la barra con mi copa en la mano, mirando a todas partes y sin ver nada. Siempre hay demasiado ruido en esa sala y ya empezaba a sonarme hueco la cabeza. Vuelvo a la sala Pop y encuentro que el ángel habla con las chicas de nuestra mesa. Noe me hace señas para que me acerque y como llevada por una fuerza extraña que me empuja sin poder evitarlo, llego hasta la mesa y de nuevo con la misma cara de idiota con la que entré en el baño. 

—¡Hola! —me saluda el ángel, y siento que el color vuelve a mis mejillas. 
—Hola, no sabía que os conocíais —dije señalando a el ángel y a Noe alternativamente. 
—No nos conocemos Nina, es amiga de Trini y Paqui —me respondió Noe refiriéndose a las chicas con quien hablaba desde que llegamos al local. 

       Hubo un silencio que se me hizo eterno y de nuevo Noe, retoma su charla con Trini y Paqui. Me vuelvo hacía el ángel y la sorprendo mirándome con una media sonrisa dibujada en su boca, y ¡que boca!. Sus dientes blancos me parecieron perfectos y sus labios carnosos dibujaban la sonrisa más bonita que había visto jamás. Le sonreí y me quedé mirándola sin decir nada, no sé por cuanto tiempo. Y de nuevo su pregunta:

—¿Estás bien? —me dijo sin borrar su sonrisa. Esta vez no estaba dispuesta a meter de nuevo la pata y me aseguré de mi volumen y mis palabras, antes de decir nada.
—Sí, es solo que ando un poco agobiada con tanto ruido. 
—Está muy lleno esto hoy, ha servido el reclamo de traer a “Las liantas”
—Bueno, no vine por ellas, mis amigas las dictadoras me trajeron a rastras —“pero ha merecido la pena solo por conocerte” pensé
—Son muy buenas, hace tiempo que las sigo. ¿No las conocías?
—Si, si me gustan. Es solo que no me apetecía salir hoy. 
—Pues habría sido una lástima no conocerte. —Y vuelven los colores acompañados de un cosquilleo en el estómago. Le sonrío y respondo. 
—No me arrepiento de haber venido la verdad.
—¿Me acompañas a la barra? ¿Qué tomas?. 
—Un martini con cola. 

Íbamos camino de la barra cuando siento que me agarran de la cintura. 

—¡Maria, deja de hacer eso!
—¡Hija que genio!. ¿Quién es tu amiga?
—Pues… —vaya en ningún momento se me ocurrió preguntar su nombre. 
—Andrea —se adelantó ella mientras le daba dos besos a mi amiga. 
—Yo María, ¿vais a pedir?
—¿No te espera nadie? —le corté haciéndole señas para que nos dejara solas. 
—Se está morreando con una y paso de esos juegos, ¿con quién habla Noe?
—Nos las conozco, ¿por qué no te quedas y lo averiguas? —le propuse mientras me alejaba con Andrea. 
—Y no querías venir… —me susurró María mientras me sujeta del brazo. 

       Le hice un gesto de burla y fui hacía la barra. Andrea ya estaba pidiendo. Nos sirvieron las bebidas y se volvió hacía mi para ofrecer la mía. No sé cómo ocurrió, pero mi mano al ir a buscar la copa, se adelantó y creo que a traición, rozó su pecho. De nuevo el color a mis mejillas, desee que no lo hubiese notado pero no tuve suerte. 

—La otra se va a poner celosa —bromeó ella. 
—Perdona… —y pensé “no tengo ningún problema en evitar esos celos”

       Fue entonces cuando me fijé en ella. Su cuello, sus pechos, sus hombros, su cintura, sus caderas, sus piernas… toda una obra de arte que me hizo sentir un nudo en mi estómago y un deseo indescriptible de amarla allí mismo. 

—Aún no me has dicho tu nombre —creo que me noto el descaro con que la miraba. 
—Nina 
—¿Vienes a bailar, Nina? 
—Sí... Sí, claro

Me llevó a la sala latina, sonaba salsa y había mucha gente en la pista. Ella me tomó de la mano y me llevó directa al centro de la pista. Yo paralizada, solo podía pensar en ese cuerpo de infarto, sin reparar en nada más. Andrea comenzó a bailar, su sensualidad rezumaba por todos sus poros, la cadencia de sus caderas estaba subiendo la temperatura de mi cuerpo y sentí un súbito calor que me hizo beber casi de un trago la copa que tenía en la mano. No dejaba de bailar, mirarme y sonreír. Creí estar en el paraíso, y rogué que no notaran la ausencia de ese ángel que se les había escapado. Se puso de espaldas a mí sin dejar de bailar, con la mano que tenía libre me acercó aún más hacia ella, podía notar cada uno de esos movimientos que me estaban haciendo perder la cabeza. El deseo se estaba apoderando de mi. No sé donde dejé mi copa y con mis manos dibuje lentamente su cuerpo, siguiendo cada curva que su ceñida camiseta, marcaba sin compasión. Comencé a bailar aún más pegada a ella, mis manos no dejaban de acariciar cada centímetro. Se giró sin dejar de bailar, me miró a los ojos y me dijo. “Estoy deseando probar tus labios”. Me sentí temblar y como mi deseo por besar su boca y sentirla desnuda junto a mi, aumentaron hasta el límite. Me acerqué muy despacio sin dejar de mirar en sus ojos. Y rocé con mis labios los suyos, muy suave al principio. Ella me sujetó por la cintura y me acercó hacía sí con fuerza. Y entonces nuestras bocas se fundieron en una, nos besamos apasionadamente. Mis manos se perdían por todo su cuerpo y sus manos descubrieron lugares en mi que ni siquiera yo conocía. “Ven a mi casa” le susurre sin dejar de besarle.
Salimos y avisamos a un taxi. Subimos, y en un momento llegamos a mi casa. No le solté de la mano y ella no dejaba de besarme. No había abierto aun la puerta cuando ya me estaba quitando la ropa. Abrí como pude y dejando su cuerpo libre de ropas la llevé hacía mi habitación. Ni siquiera encendí la luz y cuando la tumbé en la cama…

—¡Ah! —el grito me sobresaltó y grité al tiempo
—¿Marta?
—¡Nina! ¿por qué no avisas antes de entrar?
—Es mi casa Marta, deberías avisarme tu 
—¡No enciendas la luz! —gritó tarde y pude ver que ya hacía rato que estaba allí.

Volví a apagar la luz y salí de la habitación. Andrea estaba fuera desde hacía rato, no advertí en que momento había salido. 

—No sabía que iba a estar mi amiga aquí, perdona…
—No te preocupes, no importa —temí que se fuese como había venido, pero… 
—Vivo cerca de aquí, podemos dar un paseo hasta mi casa, allí te aseguro que no habrá sorpresas. —Creo que notó mi alegría al oír sus palabras.

Paseamos de la mano, la noche invitaba a hacerlo. Caminamos en silencio, robándonos besos, miradas y caricias. Llegamos a su casa, subimos a un tercero y abrió la puerta de un piso muy parecido al mío. Cerró despacio, se volvió y se dejó caer lentamente sobre la puerta de entrada siempre sonriendo. “Es preciosa” pensé. Alargó sus brazos buscando mis manos y se las entregué. Estaba dispuesta a entregarle todo cuanto me pidiera aquella noche. Me acercó hacia ella con mucha suavidad. La temperatura volvía a subir. Me besó despacio. Acariciando mi espalda. Mis manos se detuvieron en su cadera y la apreté contra las mías. Sentí su lengua buscar la mía, y se encontraron. Dibuje sus labios con mi lengua y después apreté sus labios contra los míos. El deseo por sentir nuestro cuerpo desnudo aumentaba por segundos. Deslicé mis manos bajo su camiseta y con una destreza que sigo sin comprender de donde me viene, le desabroche el sujetador y clavé mis uñas en su espalda. Nos besamos con más intensidad. Empecé a besarle el cuello y traté de quitarle la camiseta. No fui tan diestra y tuvo que ayudarme. Sin dejar de sonreír se quitó la camiseta y dejó caer el sujetador al suelo. "Andrea" susurré. 
Mis manos acariciaron sus pechos, muy despacio. Ella no dejaba de sonreír y tan ensimismada estaba memorizando los, que no me di cuenta que había desabrochado mi pantalón. Besé su boca, muy despacio sin dejar de acariciar su piel. De pronto, me empezó a sobrar toda la ropa, me la quité en un segundo dejándome solo el tanga y la apreté con fuerza contra mi cuerpo. Caminamos sin dejar de besarnos y acariciarnos hasta su habitación. Me empujó hacía la cama y se deshizo de sus pantalones. Estaba deseando sentir su piel en mi piel. Se acercó despacio hacía mí, yo la esperaba sentada, y a medida que se acercaba me iba dejando caer sobre la cama. Nos besamos. Nos acariciamos. Me abandoné a los sentidos y me dejé llevar por el deseo. Nunca había sentido nada así. Se sentó sobre mí, con sus piernas a cada lado de mis caderas. Y comenzó a moverse despacio. No recuerdo haber estado tan excitada. Me sujetó las manos por las muñecas y se agachó para besarme mientras se movía despacio. Le correspondí siguiendo el ritmo con mis caderas. Bajaba despacio besando mi cuello, mis pechos, mi vientre. Recorrió mi cuerpo con sus labios. 

Aun sentía una corriente de placer por todo mi cuerpo, cuando ella se disponía a empezar de nuevo. Me revolví y la puse debajo mía. Me senté rodeándola con mis piernas y sin poner resistencia alguna, me dejó hacer. Comencé a besarle, mis labios insaciables buscaban los suyos. Mis manos acariciaban todo su cuerpo, tratando de leer cada línea de su piel y memorizarla. Me movía despacio y suave, en mi cuerpo todavía estaba latente el placer, que minutos antes me había regalado. Me detuve un segundo para contemplar su cuerpo desnudo. Lo recorrí con la mirada sin dejar un rincón por escudriñar. Pasé mi mano despacio por sus labios, recorrí su cuello y me detuve en sus pechos. Deseaba que se dejara llevar y que por un instante, olvidara todo. Ella me aferró de las muñecas con fuerza. Susurraba mi nombre, que nunca antes me sonó mejor. Empezaba a estremecerse con intensidad, hasta llegar a ese punto donde todo desaparece. Gritó mi nombre y quedó exhausta. Jamás había amado a nadie con tanta pasión. Y así continuamos toda la noche. Entre caricias, gemidos y besos dejamos que se perdieran nuestros sentidos. Agotadas, nos abrazamos, y en segundos nos quedamos dormidas…


Todavía seguía dibujada la sonrisa en mis labios y sentía aun recorrer por mi cuerpo el placer de aquella mágica noche. La bese muy suave en la mejilla. Despertó y me miró. Acompañado de una sonrisa, me regaló un “buenos días” que aun sonaba a sueño. No dije nada y la bese con toda la pasión que aún estaba latente en cada centímetro de mi piel. Me abrazó y recorrió mi espalda con sus manos. “Desearía estar así toda la vida” le susurre al oído. Me abrazó aún más fuerte. Y sin dejar de mirar mis ojos susurró; “seré tu deseo”. 

©Patricia Duboy

4 comentarios:

  1. Nina y Andrea se fundieron en una noche muy apasionada, después de todo Nina fue la mas favorecida de la noche y eso que no quería salir, muy bueno tu relato erótico :))

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    1. Gracias Alejandra, las mejores cosas son las que llegan sin ser esperadas

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  2. Cada día eres mejor escribiendo , me encanto este relato erótico y es verdad que las mejores cosas aparecen cuando menos lo esperas .

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    1. Gracias Mada! se intenta mejorar jeje, me alegra que te guste.

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