Deja que te cuente: agosto 2014

sábado, 30 de agosto de 2014

Confuso amor



Tu mirada en mi recuerdo, no consigo olvidar.
¿Cómo permitiste esto? Solo te quería amar.

Encerrado aquí me encuentro,
pensando en ese momento, que todo hizo cambiar…


Te miraba esperando algún gesto.
Alguna palabra que me hiciera soñar,
que lo nuestro podía ser eterno, como las olas del mar.
He sido el fiel reflejo de cuanto deseabas mirar.
Cambiando por completo, mas no llegaste a apreciar.
Mataste un sentimiento, sin que pudiera demostrar,
todo cuanto llevo dentro y nunca quisiste probar.
Con dolor me arrepiento,
de haber vivido un cuento, que ya jamás sería realidad.
En silencio te espero.Te escucho llegar.
Mis manos en tu cuello. No puedes escapar.
En tus ojos ese miedo, que siempre me acompañará.
Tu último aliento me vas a entregar.
Entre mis brazos te aferro y mis labios acerco.
Nuestro primer y único beso. Tu calor se va.


Desde entonces un vacío siento, aquello no debió pasar.
Es ahora cobarde mi lamento, ya nada puedo cambiar.
No logro borrar el recuerdo, no lo puedo soportar.
Amor mío, voy a tu encuentro, aunque sé que nunca me amarás.



©Patricia Duboy

Inseguridades




Pero, ¿por qué me mira? Tendré algo en la cara. —Se mira con disimulo en el reflejo que le devuelve la pantalla del ordenador—. Nada. ¿Pero por qué me sigue mirando?, y esa risa… Además, su estúpida risa. Se burla de mi, seguro. Y ahora mi ojo, este maldito tic. Lo tengo que dominar. Controlar. No dejaré que lo vea. Voy al servicio. A la vuelta quizás se haya cansado de mirarme. —Camino a la salida, pasa por su lado y evita mirar—. Podría acabar con ella ahora mismo si quisiera, con mis propias manos. Apretar muy fuerte su cuello y terminar con sus miradas y esa impertinente risa. Eso haré, si. Acabaré con ella. La esperaré en silencio, a la salida y caeré sobre ella como su verdugo. ¡Eso haré!.

Pero, ¿por qué me mira? Me pone nerviosa y los nervios me hacen reír. No puedo evitar esta estúpida risa. Creo que lo ha notado. No deja de mirarme. —Se enrojece—. Mejor será seguir con mis cosas. No puedo evitar mirar, intento disimular pero sé que lo nota. Y ahora su ojo, ese parpadeo incesante. Se levanta. —Desvía su mirada—. ¿Sabrá que la primera vez que se lo noté, me sonrojé al creer que el guiño era para mí? —Cambia unos papeles de sitio, trata de disimular—. Cuando vuelva quizás se le haya pasado. ¿Y si le dijera algo?. Eso haré, sí. Pero no aquí, delante de todos. Esperaré a la salida. Allí le diré algo. ¡Eso haré!.

Al fin es la hora. No ha dejado de mirarme en todo el día. Saldré antes de que se vaya. Esperaré cerca de su coche. Así no se irá sin encontrarse conmigo.

Al fin es la hora. ¡Vaya! Parece que ya se ha ido. ¡No!. Está ahí, junto a mi coche. Mejor así, no querría tener que esperar hasta mañana para hablarle.

 Hola, ¿te puedo invitar a una copa?

Su sonrisa me bastó como repuesta.


©Patricia Duboy
Texto publicado en la edición impresa de Falsaria





viernes, 29 de agosto de 2014

Sin tu luz



Se apaga tu luz y entre sombras busco a tientas tu recuerdo.
Esa imagen que aparecía clara ante mis ojos
y de la que ahora solo queda silencio.
Pienso en ese ayer perdido en el reflejo,
de esos días en los que fuimos sueños.
Esos días, en los que todo era nuevo.
Ese abrazo frío que heló nuestros besos.
Esa caricia que se quedó en un intento.
Comienzo a caminar y en la oscuridad temo,
no poder recuperar, ni tan solo un poco de nuestro tiempo.
Perdí mi Norte en tu Sur y ahora que no me encuentro.
Sigo buscando en ese lugar, esa parte de mí que ya no tengo.
Y al gritar tu nombre, una risa me devuelve el eco.
Un suspiro ahoga ahora mi lamento.
Tu calor que ya no siento.
Solo el perfume de tu piel acaricia mi cuerpo.
Y lleno con él, mis sentidos huecos.
Y al abrir mis ojos creo ver,
un gesto de tu mano que me dice ven.
Y de nuevo entre tinieblas, vuelvo a caminar.
Con los ojos cegados, pretendía mirar.
Inconsciente era al pensar,
que tu luz me iba a guiar.


©Patricia Duboy